Introducción
En el mundo del deporte de alto rendimiento, la diferencia entre ganar y perder no siempre depende del talento físico o la técnica, sino de la capacidad para regular las emociones en los momentos más críticos. Según un estudio de la Asociación Americana de Psicología (APA, 2023), el 78% de los deportistas profesionales afirma haber sentido que la ansiedad precompetitiva ha afectado negativamente su rendimiento en más de una ocasión. Este dato revela la importancia de trabajar no solo el cuerpo, sino también la mente.
Desde la psicología deportiva, se entiende que la ansiedad, los nervios o la presión no son necesariamente enemigos del rendimiento; más bien, pueden convertirse en un combustible psicológico si se gestionan de forma adecuada. En este sentido, la regulación emocional se transforma en una herramienta clave: permite reconocer, aceptar y canalizar los estados emocionales hacia la concentración, la motivación y la autoconfianza.
El deporte chileno ofrece varios ejemplos de esta transformación mental, y uno de los más inspiradores es el del tenista Nicolás Jarry, quien ha aprendido a dominar la presión y convertirla en su aliada. Su historia ilustra cómo la mente puede ser el mejor aliado del cuerpo cuando se entrena con la misma dedicación.
El relato de Nicolás Jarry: del bloqueo emocional al control mental
Nicolás Jarry, actual referente del tenis chileno, ha vivido una carrera marcada por altibajos emocionales y deportivos. Nieto del histórico Jaime Fillol, Jarry debutó en el circuito profesional con grandes expectativas, pero también con una carga emocional inmensa. En 2020 enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida: una suspensión por doping accidental lo dejó fuera del circuito por más de un año.

Lejos de rendirse, utilizó ese tiempo como una oportunidad para reconstruirse mentalmente. En entrevistas posteriores, ha reconocido que fue un proceso de “autoconocimiento, humildad y reprogramación psicológica”. Con el apoyo de un psicólogo deportivo, trabajó la regulación de emociones como la frustración, la culpa y el miedo al juicio externo.
Durante su regreso, Jarry aplicó estrategias como la visualización positiva, el control de la respiración y el anclaje de rutinas mentales antes de cada partido. Hoy, es habitual verlo cerrar los ojos unos segundos antes de sacar, concentrándose en su respiración para bajar la activación fisiológica. Esa pequeña acción mental es producto de un trabajo profundo que le ha permitido canalizar sus nervios en energía competitiva.
El resultado fue visible: en 2023 volvió al top 100 del ranking ATP y se consolidó como uno de los tenistas latinoamericanos más consistentes. Su caso es un testimonio claro de cómo la psicología deportiva y la regulación emocional pueden redefinir una carrera que parecía en pausa.
La ansiedad precompetitiva: ¿enemiga o aliada?
La ansiedad precompetitiva es una reacción natural del cuerpo ante la anticipación de un evento importante. Se manifiesta con síntomas como palpitaciones, tensión muscular, respiración acelerada, pensamientos negativos o miedo al fracaso. Sin embargo, desde la psicología del deporte se distingue entre dos tipos de ansiedad:
- Ansiedad facilitadora: aquella que impulsa la acción, mejora la concentración y aumenta la energía disponible.
- Ansiedad debilitante: aquella que bloquea, distrae o genera conductas de evitación.
La clave no está en eliminar la ansiedad, sino en convertirla en una aliada. Para lograrlo, el deportista debe aprender a identificar sus señales físicas y cognitivas, y aplicar estrategias de autorregulación. Los nervios, cuando se comprenden y canalizan, pueden ser una poderosa fuente de motivación.
Estrategias psicológicas para transformar la ansiedad en energía positiva
A continuación se presentan algunas herramientas utilizadas por deportistas y entrenadores para transformar la ansiedad en un impulso psicológico positivo. Estas estrategias no solo fortalecen el rendimiento, sino también la salud mental y el bienestar general del atleta.
1. Respiración consciente y control fisiológico
La respiración es un puente entre cuerpo y mente. Ejercicios como la respiración diafragmática o el método 4-7-8 (inhalar 4 segundos, mantener 7, exhalar 8) ayudan a reducir la activación del sistema nervioso simpático. Practicarla antes de competir mejora la claridad mental y el control emocional.
2. Visualización guiada
La visualización consiste en imaginar el desarrollo ideal de la competencia, incluyendo movimientos, sensaciones y emociones positivas. Los deportistas de élite la usan para preparar el cerebro a reaccionar con confianza. Nicolás Jarry, por ejemplo, visualiza el punto antes de ejecutarlo, lo que refuerza su memoria motriz y su foco.
3. Autodiálogo positivo
El lenguaje interno moldea la percepción del rendimiento. Sustituir pensamientos como “no puedo fallar” por “voy a dar lo mejor de mí” cambia la carga emocional y reduce la presión. Se recomienda crear frases de poder personalizadas que sirvan como anclas mentales.
4. Rutinas precompetitivas
Desarrollar una rutina fija antes de competir (música, estiramientos, respiraciones, pensamientos clave) genera estabilidad emocional. El cerebro asocia esos pasos con el estado óptimo de rendimiento, reduciendo la incertidumbre.
5. Atención plena (Mindfulness)
El mindfulness enseña a permanecer en el presente, evitando la rumiación sobre errores pasados o posibles fracasos. En el deporte, permite que la mente esté alineada con la acción, no con la preocupación.
Tips y prevenciones antes de la competencia
Antes de la conclusión, es importante considerar algunas acciones preventivas que pueden marcar la diferencia entre un rendimiento óptimo y uno afectado por el descontrol emocional:
- Evita el exceso de estímulos: redes sociales, conversaciones negativas o comparaciones pueden aumentar la ansiedad. Crea un entorno mental limpio las horas previas.
- Duerme adecuadamente: la falta de sueño aumenta la reactividad emocional y reduce la capacidad de concentración.
- Cuida la alimentación: el exceso de cafeína o azúcar eleva la activación nerviosa; opta por comidas equilibradas.
- Planifica lo impredecible: prepara estrategias para manejar imprevistos (fallos técnicos, errores arbitrales, retrasos), de modo que no te desestabilicen emocionalmente.
- Apóyate en tu equipo: compartir emociones con el entrenador o psicólogo deportivo ayuda a procesarlas en lugar de reprimirlas.
- Celebra los pequeños logros: reconocer avances, incluso mínimos, refuerza la motivación y la autoconfianza.
Estas prevenciones son simples, pero acumuladas crean una base emocional sólida que prepara al deportista para rendir bajo presión sin perder la conexión con el disfrute.
Conclusión: la mente como el mejor músculo del atleta
La regulación emocional en el deporte no es un lujo, sino una necesidad. Los nervios y la ansiedad no desaparecerán, pero pueden transformarse en una fuerza constructiva cuando el deportista los comprende y los utiliza a su favor. Desde la psicología deportiva, se propone ver la emoción no como un obstáculo, sino como un mensaje del cuerpo que pide equilibrio y enfoque.
El caso de Nicolás Jarry demuestra que la resiliencia mental es tan entrenable como el golpe de derecha o la resistencia física. Su evolución psicológica no solo le devolvió el éxito, sino que le permitió disfrutar nuevamente del proceso competitivo. Ese es el verdadero triunfo: competir con serenidad, pasión y autoconfianza.
En definitiva, el deportista que aprende a regular sus emociones, a escuchar su cuerpo y a dialogar con su mente, logra transformar la ansiedad en energía positiva. Como señala la psicología del rendimiento, la diferencia entre el campeón y el resto no está en quién siente menos nervios, sino en quién sabe utilizarlos mejor.
Así, los nervios dejan de ser enemigos para convertirse en aliados. La próxima vez que sientas el pulso acelerado antes de competir, recuerda: no es miedo, es tu cuerpo preparándose para brillar.
