Un estudio realizado por la Universidad de Zúrich (2019) reveló que los atletas que incorporaban momentos de humor y disfrute en sus rutinas antes de competir no solo reducían sus niveles de cortisol hormona del estrés , sino que también incrementaban significativamente su capacidad de atención selectiva. Este hallazgo pone en evidencia un aspecto que muchas veces es subestimado en el alto rendimiento: la risa y el disfrute no son distracciones, sino recursos psicológicos capaces de potenciar el desempeño en escenarios de máxima exigencia.
Volver a la esencia: ¿por qué jugamos?
Cuando pensamos en el deporte de alto rendimiento, las palabras que más resuenan suelen ser “sacrificio”, “exigencia” y “disciplina”. Es cierto que estos elementos forman parte del camino competitivo, pero también es cierto que, cuando se vuelven el único horizonte, la práctica deportiva pierde su esencia.
Recordemos que la mayoría de los atletas comenzó a practicar su disciplina porque la disfrutaba. Ese disfrute, con el paso del tiempo, queda relegado frente a las expectativas externas, los resultados y la presión. Y es ahí donde la psicología deportiva nos invita a reflexionar: ¿qué pasaría si en lugar de reprimir el humor y la risa, los abrazáramos como aliados?
Más que una distracción, el humor es un recordatorio de que el deporte también es juego. Reír en un entrenamiento, bromear antes de una competencia o simplemente disfrutar de estar en la cancha puede marcar la diferencia entre un cuerpo tenso y bloqueado o uno flexible y receptivo.
El humor como medicina para la presión
Cuando la presión aumenta, el cuerpo reacciona: palpitaciones rápidas, músculos rígidos, sudoración excesiva y pensamientos que giran en torno a “no equivocarse”. Este estado, conocido como hiperactivación, puede ser útil hasta cierto punto, pero cuando se intensifica demasiado, sabotea el rendimiento.
El humor aparece como un mecanismo natural para bajar esa tensión. Una sonrisa, una broma compartida o incluso una risa espontánea son capaces de:
- Reducir la hormona del estrés (cortisol).
- Liberar endorfinas que mejoran el ánimo.
- Aumentar la oxigenación cerebral y la claridad mental.
No se trata de tomar la competencia a la ligera, sino de generar espacios donde la presión se transforme en energía positiva. El humor, bien utilizado, permite al deportista reconectar con el presente y no quedar atrapado en el miedo al error.
Disfrutar para rendir más y mejor
La teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan, 1985) explica que la motivación más fuerte no proviene de la obligación externa, sino de la satisfacción intrínseca. Cuando el deportista disfruta lo que hace, su motivación es más estable y resiliente frente a los altibajos de la competencia.
El disfrute funciona como un motor que mantiene viva la energía incluso en situaciones de máxima exigencia. Recordar el placer de jugar, moverse, competir y compartir con otros le da sentido a todo el esfuerzo invertido en el entrenamiento.
Al integrar el humor y el disfrute en la rutina, los atletas no solo se preparan mejor para rendir bajo presión, sino que también protegen su bienestar psicológico a largo plazo. En vez de asociar el deporte únicamente con resultados, lo vuelven parte de una experiencia vital enriquecedora.
El humor como aliado del presente
Muchos deportistas caen en la trampa de quedar atrapados en pensamientos como: “¿y si fallo?”, “¿qué dirán si pierdo?”, “no puedo equivocarme”. El resultado es que la mente se escapa del presente y la atención se dispersa.
El humor rompe esa cadena. Una risa corta, una mirada cómplice con un compañero o incluso una broma personal actúan como una pausa mental. Esos segundos de ligereza devuelven al atleta al aquí y al ahora, donde realmente sucede el rendimiento.
De esta forma, el humor se convierte en un puente hacia el mindfulness deportivo: estar plenamente consciente del momento, sin juicios ni anticipaciones. Y es en ese estado donde emergen la concentración, la creatividad y la confianza.
Barreras culturales: romper con la seriedad extrema
A pesar de la evidencia, el humor todavía genera resistencia en el mundo deportivo. Muchos entrenadores lo asocian con falta de compromiso o con distracción. Este paradigma, heredado de una visión tradicional que glorifica la dureza y la seriedad, ha llevado a normalizar prácticas que generan rigidez, ansiedad y, en ocasiones, burnout.
El desafío está en cambiar esa mirada. El humor no significa restar importancia al trabajo, sino equilibrar la exigencia con humanidad. Permitir que el atleta se ría y disfrute es reconocerlo como persona, no solo como máquina de resultados. En ese reconocimiento radica también su capacidad de sostener la carrera deportiva en el tiempo sin sacrificar salud mental.
Acciones preventivas: cómo cultivar el humor y el disfrute en el deporte
Para que el humor y el disfrute sean aliados reales del rendimiento, deben integrarse de manera consciente en la preparación. La psicología deportiva propone estrategias preventivas que pueden aplicarse tanto en entrenamientos como en competencias:
1.Rutinas lúdicas de activación
- Incorporar juegos breves y dinámicos al inicio de la práctica para liberar tensión y generar energía positiva.
2. Reinterpretación de errores
- Entrenar la mente para que un fallo sea visto como aprendizaje. El humor facilita relativizar equivocaciones y evitar que se conviertan en bloqueos.
3. Auto-charla con ligereza
- Enseñar a los atletas a usar frases motivacionales que integren humor, disminuyendo la autoexigencia rígida.
4. Espacios de cohesión social
- Fomentar momentos de convivencia fuera del campo para fortalecer vínculos y recuperar el disfrute más allá del resultado.
5. Capacitación a entrenadores
- Educar a los cuerpos técnicos en el uso del humor positivo: bromas constructivas que alivian la tensión sin herir ni generar burlas.
6. Respeto por la individualidad
- Reconocer que no todos se expresan igual. La clave está en crear un clima donde cada deportista se sienta libre de disfrutar a su manera.
Estas acciones preventivas no buscan trivializar la competencia, sino preparar a los atletas para enfrentar la presión con mayor flexibilidad mental y emocional.
Una sonrisa también compite
El deporte de élite suele mostrar imágenes de rostros serios, concentrados, tensos. Pero quienes han logrado trascender saben que la sonrisa también es parte del juego. El humor y el disfrute no son sinónimos de debilidad, sino de inteligencia emocional aplicada al rendimiento.
Reír en medio de la presión es un acto de valentía: significa elegir no dejarse dominar por el miedo ni por la rigidez. Es afirmar que competir no solo es cuestión de ganar, sino de crecer, aprender y disfrutar del camino.
La psicología deportiva nos recuerda que el éxito verdadero no se mide únicamente en medallas, sino en la capacidad de mantener la motivación, la salud mental y la pasión por lo que hacemos. Y en ese sentido, el humor y el disfrute no son adornos: son pilares invisibles que sostienen el rendimiento y la felicidad del deportista.